Mujeres en movimiento

El finde que dimos la vuelta al mundo

Querido Juanjo:

¿Te acordás del fin de semana en el que dimos la vuelta al mundo?

Era casi verano en Sevilla. Teníamos tooodo un fin de semana por delante y comenzamos a hacer
planes.

Pero el calor de Sevilla en “casi” verano era aplastante. Y la posibilidad de salir a la calle no parecía
apetecible.

Entonces se nos ocurrió viajar por el mundo.

Buscamos una pelota inflable en forma de bola del mundo que habías usado para un espectáculo. Yo
me vendé los ojos. Vos girabas con la pelota (creando una órbita terrestre un poco enloquecida, debo
decir) y yo señalaba sitios a ciegas.

Quedaron cinco diferentes.

Los apuntamos en una lista y dividimos el tiempo entre la tarde del viernes y las
mañanas y tardes de sábado y domingo.

Después definimos cinco espacios de la casa que serían cada lugar.

Buscamos información en las redes, imágenes, comidas típicas, historias y sólo salimos a “la calor”
para comprar provisiones en las tiendas del barrio. (Nuestras versiones locales de los ingredientes
que habíamos visto en internet, esto merece un recuerdo aparte).

Luego todo fue viajar…

Paseamos en góndola, recorrimos un desierto, nos tumbamos en una hamaca de dos plazas en una isla hondureña, pasamos susto y gusto en una selva y fuimos intelectuales de café en una gran capital.

Y nos reímos mucho…mucho…mucho.

Cada vez que me preguntan sobre sexualidad recuerdo este fin de semana.

O nuestro ritual de Nochebuena disfrazados.

Las cenas con velas y flores un miércoles cualquiera por la noche.

O aquella Nochevieja celebrada a las 3 de la mañana en la mesa de la cocina,
bailando canciones de los 80´s, llorando por los que no ya no están y fumando un
puro en honor a tu papá.

Porque la sexualidad para nosotros no es “probar técnicas nuevas en la cama” sino
más bien mantener encendido el fuego de la creatividad, la imaginación y el juego.
Ese poder sutil que derrochamos en la infancia y luego vamos apagando para
responder a las aburridísimas “cosas serias” de los adultos.

Y, muchas veces, es desde esa seriedad adormecedora que buscamos generar la
conexión. En lugar de alimentar las cosas pequeñas, conmovedoras y sensoriales
que hacen que nuestra vida se ilumine de una manera nueva.

Nosotros sigamos cerrando los ojos, amor. Y dejando que esos niños que todavía
viven en nuestro interior imaginen juegos, y creen mundos, y sueñen detalles con la
contundencia de catedrales góticas.

Y también abramos los ojos, amor. Y sigamos dándonos la mano para mirar el
mundo con ojos de gozo, sonrisa de posibilidad y pelos enredados por la mañana.

Porque nosotros sabemos que no hay sexualidad sin juego. No hay sensualidad sin
sensorialidad. No hay cercanía física si nuestras ciudades imaginarias no se tocan.

Sabemos que la conexión emocional requiere nuevos patrones. Y probar algo
nuevo, especialmente si es algo creativo, activa la conexión emocional.

Dame la mano y vamos a darle la vuelta al mundo, o al cuarto, o al multiverso.

Dame la mano…

Nos amo

Mariana

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