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La reina en el palacio de las corrientes de aire

Querido Juanjo,

Este título de Stieg Larsson me impactó desde la primera vez que lo leí, hace diez años. La Reina en el palacio de las corrientes de aire. Más allá de que sea objetivamente bello, sentí que algo me tocaba en el cuerpo. Como una imagen que mi cuerpo percibía pero mi cabeza no podía entender en ese momento. Y ahí se quedó, en esa curva del cerebro donde guardamos memorias importantes que no podemos procesar todavía.

Hace una semana volvió, aparentemente sin venir a cuento, y ya no me deja. Cada mañana me despierto repitiéndola. Voy a recorrerla ahora, a ver qué me cuenta.

Me susurro «La reina en el palacio de las corrientes de aire» … y veo de inmediato, dentro de mí, a una mujer en su trono. Sola. Está de espaldas. La habitación del trono está vacía. Es de piedra. Ella siente frío. No este de tiritar, sino ese frío que se te cuela en los huesos, poco a poco. Ese frío del que no te das cuenta hasta que ya estás congelada.

Me pregunto ¿Cuándo hay una corriente de aire?

Cuando aquello que debería estar cerrado está abierto, o tiene un hueco. Una puerta, una ventana, una pared. Siento mi cuerpo encogerse, por instinto, esperando el estruendo de un portazo. De modo que esta reina no está nada cómoda en su trono. Está esperando que algo la sobresalte. También hay una dosis de inquietud porque se pregunta ¿Quién abrió huecos en un lugar que debería estar cerrado? ¿Esa persona todavía está en el palacio? ¿Dejó abierto cuando salió… o cuando entró?

Da la sensación de que el palacio es una especie de queso gruyere, lleno de agujeros. Deja pasar aquello de lo que te debería proteger.

Quizás estas percepciones estén cruzadas por el hecho de que acabo de ver el documental sobre Jeffrey Epstein. Para quién no sepa quién es, Epstein fue un multimillonario estadounidense que abusó y traficó con cientos de niñas menores de edad y, cuando finalmente pudieron acusarlo, se “suicidó” en una cárcel de máxima seguridad esperando el juicio. Muchos hombres poderosos corrían riesgo de ser descubiertos en ese juicio. 

Y pienso en esta sensación crónica en el cuerpo de las mujeres. Incluso en el de las que han trabajado mucho para sentarse en su trono interno.

Leo tu carta, conozco tu trabajo y pienso ¿Estará llegando la generación de hombres que cierre esas puertas y ventanas que otros abrieron? ¿Estaremos preparadas para dejar de esperar que pase algo estruendoso en el siguiente segundo? ¿Es verdad que ha llegado el tiempo de relajar el cuerpo contraído de las memorias de nuestras madres y abuelas?

Me sube un llanto desde el bajo vientre al pensar que sí. Y al mismo tiempo percibo mi mandíbula apretada y mi vagina contraída. Y le digo a mi cuerpo “suelta”. ¿Cuántas veces doy esta orden al día? Innumerables. Desde hace años. Y progresivamente veo cambios. Hay una tensión interna que se va aflojando.

Pienso ahora en la mirada de la mascota de una amiga, una galga preciosísima rescatada por una protectora. Los galgos tienen “esa mirada” ¿verdad? Abierta y triste. Dulce pero profundamente dolida. O quizás no sean así todos los galgos. Quizás no sea la raza, sino los galgos que han sido maltratados. Se ven muchos en Andalucía. Esta bellísima perra vive con mi amiga hace un año y recién hace un par de meses puede sacarla a la calle sin que salte ante el menor ruido. Me cuenta que el primer tiempo en casa no podía tocarla y la perra aullaba cada vez que la veía con la escoba. Que tuvo una paciencia infinita sólo para que le permitiera acercarse. Que todavía queda trabajo para que esté completamente relajada y activa.

Yo no tengo esa paciencia infinita con mi cuerpo. Me enfado cuando vuelvo a sentir un dolor o una contracción que, según yo, ya no debería estar ahí. Me enfado mucho más cuando se encoge y me da señales de alerta desesperadas si percibo un leve rasgo tuyo que me produce desconfianza. Me castigo por sentirte como una amenaza, aun siendo el hombre más pacífico que he conocido. Te pido que seas confiable al 100% y percibo cualquier mínima incongruencia como un ataque personal. Incongruencias que pasaría por alto con una mujer.

Preguntabas en tu artículo “¿De qué huimos los hombres?”, ¿qué consecuencias tienen nuestras ausencias en nosotros y en nuestras relaciones? Yo puedo contarte que, para mí, esas ausencias de la relación que en tu caso son sutiles, generan un retorno a la dureza, a la tensión crónica. Generan una necesidad de multiplicar los “Suelta” susurrados a mi cuerpo. Por cada ausencia hay un micro susto, una memoria antigua y fiera que me dice al oído: ¿Lo ves que no están?

Y tengo que volver a anclarme en mi decisión de no creerle y transformar esa contracción interna crónica que heredé de mi madre y mis abuelas. Porque no quiero ser fuerte a costa de ser tensa. Me niego rotundamente. Reclamo que mi Ser blandita nutra mi fortaleza. Trabajo mucho para ser, como decía mi maestro de Tai Chi, “Firme como una montaña, fluida como un río”. Y ya he comprobado que mi cuerpo no entiende de “¡Venga! ¡Si eso pasó hace tiempo! ¡Suéltalo ya!”.

Ni mi cuerpo ni esa galga responden a eso. Sólo responden a un amor continuado, respetuoso, calmado y seguro. Como el que me doy yo a mí misma, como el que me das vos. Un amor sostenido el tiempo suficiente para que la reina ya no sienta la corriente de aire erizándole los pelos de la nuca y pueda disfrutar, al fin, del trono y el palacio que le corresponden por derecho.   

Con amor por nuestro amor

Mariana

23 Comentarios

  1. Jime

    Amo y agradezco tu don de abrir las compuertas del agua estancada con cada palabra. Leerte siempre se siente como haber llegado a casa. Casa donde habitan la paz y la calma necesarias para mirar y sanar las heridas. Comparto el deseo de ser montaña y río, de poder habitar mi vulnerabilidad sin tensión y expresar mi ternura sin temor. AbrazoTE!

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  2. Cristi

    Querida Maestra: Te leo en un espejo que me lleva a un lugar comunitario, donde hay muchas mujeres leyendo al mismo tiempo y sintiendo parecido. Tus palabras tan llenas de sabiduría, puestas una detrás de otra en perfecta armonía son para mí pura medicina. Voy a leer tu carta cada vez que sienta escalofrío para entenderme. Te quiero, te admiro. GRACIAS, GRACIAS, GRACIAS

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    • Árbol Dúo

      Gracias a vos Cristi, por tu corazón abierto y tu sed de aprender. Sos un ejemplo para mí.

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  3. Giulia

    Querida Mariana, cuanta belleza y verdad en estas palabras. Verdad mia, el reflejo de una Comunidad entera de mujer de que yo me siento parte. He tenido la sensacion de adelantar cada emocione y cada palabra. .. Como si fuera una historia que yo conocia muy bien. Gracias para ponerla en palabras, gracias por manifestarla a tu companero, gracias por abrir esta puerta de confianza y Amor sin miedo que en ti ahora se ve posible y verdadero. En ti, como en mi y en miliones de mujeres.

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    • Beatriz Alcaine

      Amada Mariana, termino de leerte ya con lágrimas que me salen de bien adentro. Me toca tanto esta carta, lo siento todo tan claro en el cuerpo. Gracias gracias gracias. Me llena de luz.

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      • Árbol Dúo

        Bea de mi corazón. Sólo por tus lágrimas que limpian me vale haber escrito cada palabra. Seguimos sanando juntas.

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    • Árbol Dúo

      Giulia querida, ahí vamos, como dices «abriendo puertas de confianza y amor sin miedo». Tejiendo, para nuestras nietas y nietos, la realidad que soñaron nuestras abuelas.

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  4. Sonia

    Hermoso, gracias por esta entrega

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    • Árbol Dúo

      Gracias a ti por leerlo y comentar. Se siente muy bonito.

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  5. Ivana González

    Prima, mujer, hermana… con cuánta profunda ternura me has conmovido… mis lágrimas son el eco, seguramente, de miles y millones de hermanas a lo largo de la historia y del mundo! Bellísima reflexión

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    • Árbol Dúo

      Prima querida, gracias al amor y el dolor del que estamos hechas. Qué mejor forma de honrar a la abuela que ser rabiosamente felices. ¿Verdad? A pesar de los pesares.

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      • Silvia

        Bellisimo y profundo

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        • David

          Gracias por tu relato, fresco e íntimo.

          La sinceridad y profundidad de tus palabras me retan a practicar el amor desde la dimensión del conocimiento y el compromiso.

          Me revelan la responsabilidad de tapar con amor aquellas ventanas y huecos, propias y ajenos, que generan corrientes en mi relación.

          El ejemplo de la galga me ha conmovido.

          Gracias de nuevo, un saludo

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          • Árbol Dúo

            Gracias a ti David, me calienta el corazón que te haya conmovido. Y, mucho más, que te impulse a profundizar en tu transformación de las relaciones. Seguimos caminando.

        • Árbol Dúo

          ¡Gracias Silvia!

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      • Emilie

        Mariana hermosa y valiente mujer!
        Que bien describes nuestro cuerpo y sus reacciones. Juantas conseguiremos ablandarnos, sentirnos seguras y poder abrirnos sin miedo. Gracias por compartir nuestros sentires.

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        • Árbol Dúo

          Eso Emilie! Juntas vamos bailando la vida y ablandando heridas. Somos un círculo, dentro de un círculo, sin un comienzo ni un fin. ¡Te quiero!

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  6. Eva María

    Ver mi imagen en el espejo de tus palabras ha sido como abrazar una luz clara y reveladora. Tengo que leer este post más veces, tu acertada profundidad me conmueve. Muchísimas gracias por compartirte.

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    • Árbol Dúo

      Gracias Eva! Me emocionan mucho tus palabras y el abrazo que siento en ellas.

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      • Tau

        Mi amada mentora, que bellas palabras para reflejarnos en ese hueco, en esa ventana abierta que nos cala ese frío así como a ti, a mi, a nosotras. Sin duda que solo el amor nos lleva a sanar esas memorias que se nos activan y creo que se potencializa cuando un hombre decide sanar por el bien de la humanidad, eso es digno de admirarse.
        Bendigo tu camino junto a Juanjo y deseo que sigan compartiéndonos de la medicina que ha despertado en ustedes 🙏
        Con amor, Tau ❤😘

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        • Ba

          Hermaga,
          Agradezco desde mi adentro vuestra iniciativa, la manera de enfocar y la belleza.
          Me da esperanza, me siento reflejada.
          Gracias gracias gracias.
          Me pregunto cuántas puertecitas ni veo ni cierro yo
          En mí, en mis relaciones.

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          • Árbol Dúo

            Esa esperanza que nos activa es justo lo que queremos irradiar. Amor que mueve. ¡Gracias por escribirnos!

        • Árbol Dúo

          Tau hermosa, mil gracias por tus bendiciones. Nos llegan y nos nutren. Seguimos en el camino de sanarnos a nosotras para sanar el mundo. Besos hermaga!

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