Hombres en movimiento

Una violencia invisible

Recuerdo a mi padre sentado en un sillón frente a la ventana con la mirada perdida,
abrumado por sus propias preocupaciones y con una depresión severa. Se que te he
contado este recuerdo muchas veces y también lo que hice yo siendo un niño en esa
situación.

Me pasé media vida tratando de averiguar en qué mundo se encontraba mi padre, y la
otra media tratando de no quedar yo atrapado en él. En ese estar sin estar, ese estar
distante.

El mismo día que participé en la última manifestación contra las violencias machistas,
esa mañana en el foro internacional sobre masculinidades igualitarias y justicia de
género, Ana Requena, una de las ponentes de la mesa de feminismos, hombres y
patriarcado decía: “A los hombres les falta trabajo interno, bajar a estratos más
profundos del patriarcado, ya que este se asienta en los detalles más pequeños, en los
espacios de intimidad”. Y tengo que confesarte que una parte de mí se desparramó de
alegría al escuchar esas palabras en un aforo repleto de hombres… y otra enmudeció,
al sentir la certeza de que estaba hablando de un punto ciego para nosotros, como si
comenzara a hablar en un idioma incomprensible pero que creemos estar
entendiendo.

Hasta aquí hemos llegado. Bien sabes que nos hemos centrado en construir una
ideología igualitaria y en no ser violentos. (cosa que por una parte tiene bastante
mérito teniendo en cuenta de dónde venimos).

Porque es sabido que los “hombres buenos” no somos violentos. ¿Seguro?. No
solemos protagonizar ninguna de las situaciones que comúnmente asociamos a la
palabra Maltrato. Pero si nos atrevemos a caminar más allá de esta forma de violencia,
podemos encontrarnos con otras más sutiles, invisibles aún. Podemos encontrarnos
con el Destrato. Ese estar sin estar, ese estar distante.

El estilo que empleaba mi padre es solo uno de muchos a la hora de separarnos
emocionalmente. Y afortunadamente para los niños y adolescentes de hoy, hay miles
de palabras publicadas que explican el daño que provoca el Destrato.

Él no podía saberlo, pero esta es la gran asignatura pendiente para los hombres que
estamos ahora en el intento de atravesar la masculinidad normativa y acompañar la
gran transformación cultural de este tiempo: El trabajo interno para habitar
verdaderamente los espacios de intimidad.

Paradójicamente no pudiéndolo saber, mi padre, me lo enseñaba a mí. Es lo que
ocurre cuando tienes un padre “no normal”, que te sales de un golpe del camino de lo
normativo.

Mi madre tampoco lo sabía, pese a la claridad de la frase “lo personal es político”, más
que conocido lema de la segunda ola del movimiento feminista, atribuida a Carol
Hanish hace ya más de 50 años. Pues bien, medio siglo más tarde aún sigue siendo vital

reunir la antigua y falsa dialéctica entre trabajo interno y acción política. Aprender que
el cambio que trae solidez y congruencia es de dentro a fuera. Que se estructura
sólidamente en lo personal para hacerse político. Porque hoy lo más político sigue
jugándose diariamente desde el espacio interno. Desde nuestras esferas más íntimas y
relacionales es donde se ponen a prueba realmente nuestros cambios. Sobre todo si
estamos hablando de cambios relacionales y culturales.

Cada vez que un grupo de hombres se compromete a recorrer un camino de trabajo
interno, en el fondo esos hombres están colaborando a ordenar el mundo.

Lo que hubiese dado yo por un grupo para mi padre que se acercase un poco al título
del libro “más Platón y menos prozac”… Es tan necesario, aún hoy, que pongamos en el
centro de la agenda nuestro trabajo interno como hombres. Para aprender a vivir
conectados a nuestras emociones y pasiones; para poner el cuerpo a nuestras
relaciones, nuestras palabras, nuestros amores; para ser generadores de redes
afectivas, de espacios seguros, de cuidados; Para habitar nuestra vulnerabilidad como
vía de desprendernos del victimismo; Para tomar nuestra verdadera fuerza, nuestra
responsabilidad emocional; Para traer nuestra presencia.

Las crisis personales, familiares, grupales no están tan lejos de los escenarios de crisis
mundiales, ambientales, humanitarias, económicas, de salud, etc. Y éstas nos
recuerdan que es urgente políticamente “resignificar la Humanidad”, y para ello
necesitamos sentir la urgencia de recrearnos como hombres desde lo más interno, y
trascender aquello que hemos aprendido que era ser un hombre.
Para estar.

Con Amor

Juanjo

1 Comentario

  1. Arkaitz

    Gracias Juanjo. Me ha gustado mucho esta reflexión y otra posterior sobre masculinidad.
    Me siento identificado y reconocido en esta visión de masculinidad que planteas. No es fácil para mí ubicarme
    en una manera de ser hombre; siento que hay partes de mí que se están deconstruyendo, desmoronando… no me atraen
    ni me siento identificado en cuerpo y alma como lo hecho toda mi vida con conceptos como éxito, victoria, competencia…
    Pero al mismo tiempo tampoco me siento con fuerza de construir otro hombre nuevo. Me ha llegado la falta de fuerza que tenemos los hombres a la hora de afrontar nuestros conflictos internos, nuestras sombras… Porque llevo unas cuantas horas de terapia, miradas y reflexiones en mi mochila pero es cierto que mi modelo de hacer terapia es también muy masculino clásico, voy a terapia, conecto mucho con el dolor (o lo que toque) y luego ya hay que pasar página, transformar ese dolor en ganancia y que me sirva para mejorar. Es una metáfora, pero quiero decir que me cuesta permanecer en la vulnerabilidad, estar ahí. Me resulta más conocido estar sin estar (como comentas en el artículo; me ha gustado mucha la expresión).
    Y me ha llegado mucho también lo que dices sobre el miedo al amor. Sí. Da miedo. A mi me da miedo. Porque eso sí me deconstruye el hombre que me he creado, y las voces paternas, del entorno… sobre cómo ser hombre. Me duele la carga de este manual de hombre que tengo, y me atemoriza abrazarme al amor y quedarme ahí.
    En ese baile me veo.
    Y todo ello, además, siendo padre de una criaturita casi de 2 años que comienza a decirme que no, a mostrarme que no quiere estar conmigo en algunas situaciones… que me rompen por dentro y me desubican. Si estoy aprendiendo a ser hombre, cómo voy a saber cómo ser padre jajajaj
    Muchas gracias por tu artículo Juanjo.

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